Hola a todos. Quise ver en la tardenoche de ayer la final de la Championleague y con gran sentimiento no pude verla. Veintidós semidioses de la Gran Bretaña, once y once, con unos controladores del duelo que alzan banderas y tocan pitos en lugar de trompetas, se batían en duelo por conseguir la codiciada copa para el equipo, cuya camiseta y escudo portaba cada uno sobre sus aguerridos pechos. En campo de Moscú fueron a luchar por la victoria y, ¡oh desgracia! no pude verles porque los dioses malignos estropearon la señal audiovisual. Quedé entonces de una pieza; pensativo, temiendo lo peor, augurando la catástrofe que se me avecinaba; desazonado, inquieto, desarbolado; casi no pude dormir en la noche. ¿Y si...?
Pensaba, y no acababa, en el problema que se me viene encima. Y si no se arregla? Y si demoran los malvados en buscar la solución? Si no encuentran las piezas necesarias, qué será de mí? ¿Cómo podré superar el trauma del desencuentro y levantar cabeza contra la adversidad? Preguntas y más preguntas en mi cabeza mientras mi cuerpo daba vueltas entre sábanas que cada vez eran más pesadas. Calor y sofoco; angustia y miedo...
Porque en tres días, el sábado a la tarde, se decide el honor nacional; porque para todos nosotros, vivientes en la piel de toro que llamamos España, será el día soñado. No se tratará esta vez de un simple acontecimiento deportivo, no será nuestra escuadra de balompié la que se bata con otro equipo extranjero, no será el tenista quien nos haga suspirar con su hercúleo brazo, no será el aro el que impida las canastas de nuestros altos jugadores de baloncesto.
No. Es algo más profundo, más nuestro, más del pueblo. El sábado a la tarde, todos pendientes de la pequeña pantalla o de las pantallas gigantes colocadas estrategicamente por el País. Que no quede nadie sin verlo. Que el pueblo se entusiasme y ría, que aplauda y se desmelene, que llore y que suspire; que cante, baile, aplauda, se desgañite y pene.
El sábado, queridos míos, es el gran día. Nuestro Chiquilicuate, héroe de siempre y del momento, luchará por nuestro orgullo patrio y la audiencia será increíblemente alta: jóvenes y adultos, nietos y abuelas, hombres y mujeres, todos a una como en Fuenteovejuna, estaremos pendientes del veredicto. ¡Espein, tu poins!. ¡Espein, uan poin!. ¡Y habremos ganado en Eurovisión!
Y en este punto llega otra vez mi profunda preocupación: ¿Y si...? Y una lágrima agridulce de desamparo y esperanza se desliza mansamente por mi mejilla.
Te deseo un buen día.
El Blog de las mil cosas que uno puede hacer, pensar y sentir cuando se libera de la rutina laboral.
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jueves, 22 de mayo de 2008
sábado, 17 de mayo de 2008
Payasos y cuentos
Hola a todos. No fue un día desaprovechado. No señor. Por la mañana estuve escribiendo el blog para activar la memoria y hacer trabajar a las neuronas, y por la tarde sesión doble: Invasión Circense en Santa Brígida y Cuentos Eróticos por los Rincones, en Las Palmas.
Los resultados de la primera parte están a la vista. La memoria sigue como adormecida y las neuronas hace tiempo que se declararon en huelga. Pero bueno, se hace lo que se puede que ya es bastante.
Lo de Santa Brígida
estuvo bastante bien; en el antiguo cine una hora de actuaciones de dos malabaristas, de magia, de contorsionista y de un clown. Gente aficionada, según creo, pero con un nivel bastante aceptable que hicieron la delicia del público que llenaba el local, sobre todo niños y niñas acompañados por padres y madres. Con los juegos de pelotas y raquetas los malabaristas hicieron unos números bastante entretenidos, en un supuesto partido de tenis con las correspondientes caídas. La magia con sus siempre sorprendentes golpes de efecto y la chica con las contorsiones con aquello del 'más difícil todavía'. Pero el número fuerte, como siempre, correspondió al payaso quien con sus 'golpes' y payasadas levantaba la sonrisa cuando no la carcajada. Luego un pasacalle con actuación de chicos sobre zancos, de otro con una bici de una sola rueda, de aquel con una bicicleta minúscula, de las chicas que les acompañaban con saltos y bailes terminó de completar una feliz velada.
Los cuentos dieron comienzo a las once de la noche en la Plaza de las Ranas con la narración por parte de Yanira, querida sobrina mía y auténtica cuentacuentos inmejorable. Con su dulce voz y aplomo extraordinario (era la primera vez que narraba para adultos) contó un primer relato de una moza en apuros, todo lleno de sensualidad y erotismo. De segundo, un viejo chiste que pasa de abuelas a madres, y de madres a nietas, convertido por ella en cuento jugoso, que narra las desventuras del curita recién llegado a un pueblo en el que las mujeres tenían por costumbre decir que habían 'resbalado', si pecaban siendo infiel a sus maridos; alarmado el joven cura por tanto resbalones, cuenta el hecho al alcalde; éste, conocedor del tema, se echa a reír, a lo que el curita le dice: "No se ría usted señor Alcalde, que su mujer y su hija han resbalado varias veces esta semana".
Seguimos a una banda de jazz que nos conducía por las calles de Vegueta, con cuatro paradas más para otros tantos narradores a cual más interesantes. Uno tomaba la Mitología y a sus dioses y diosas 'liadas' amorosamente a más no poder; otro, hacía referencia a un libro inglés y a cuantas calorías se pierde en cada juego o prolegómenos del amor; la señora, narra como las ambulancias la ponen a cien y lo ocurrido en ellas cuando la han tenido que transportar; y el trovador, gallego, cantando trovas y contando cuentos como el del indio, (de la India o cerca) que encontró una botella con el genio dentro. El genio le concede tres deseos. A la vista de un número de cuarenta preciosas jóvenes el muchacho piensa 'qué bueno sería poderlo hacer con todas a la vez'. Se cumple el primer deseo, y se ve el chico con cuarenta 'vergas' colgándole por todo el cuerpo; aterrorizado, pide que le desaparezcan. Se cumple el segundo deseo y se queda sin nada que le cuelgue; y entonces, afligido, tiene que echar mano del tercer deseo para que le devuelvan la 'verga' suya original.
Casi al final, en el Pasaje Pedro de Algaba, nos fueron cerrando camino hasta hacernos ir en fila de uno. ¡Coño! me dije, ¿dónde van a meternos? Era una especie de carpa muy bonita y me figuraba que dentro encontraría fotografías o pinturas del más alto contenido libinidoso, pero no, entre unas paredes que nos acaricibian, de colores con tonos suaves y sonrosados,fuimos pasando, y al poco otra vez en la calle. ¡Coño! volví a decir para mi coleto ¿qué habrá sido ésto en donde hemos estado? Cuando lo sepa, te lo diré. Por ahora te quedas con las ganas de saberlo.
A las dos de la mañana, al terminar, pensé: 'Ha sido un día muy bien aprovechado'.
Te deseo un buen día.
Los resultados de la primera parte están a la vista. La memoria sigue como adormecida y las neuronas hace tiempo que se declararon en huelga. Pero bueno, se hace lo que se puede que ya es bastante.
Lo de Santa Brígida
estuvo bastante bien; en el antiguo cine una hora de actuaciones de dos malabaristas, de magia, de contorsionista y de un clown. Gente aficionada, según creo, pero con un nivel bastante aceptable que hicieron la delicia del público que llenaba el local, sobre todo niños y niñas acompañados por padres y madres. Con los juegos de pelotas y raquetas los malabaristas hicieron unos números bastante entretenidos, en un supuesto partido de tenis con las correspondientes caídas. La magia con sus siempre sorprendentes golpes de efecto y la chica con las contorsiones con aquello del 'más difícil todavía'. Pero el número fuerte, como siempre, correspondió al payaso quien con sus 'golpes' y payasadas levantaba la sonrisa cuando no la carcajada. Luego un pasacalle con actuación de chicos sobre zancos, de otro con una bici de una sola rueda, de aquel con una bicicleta minúscula, de las chicas que les acompañaban con saltos y bailes terminó de completar una feliz velada.Los cuentos dieron comienzo a las once de la noche en la Plaza de las Ranas con la narración por parte de Yanira, querida sobrina mía y auténtica cuentacuentos inmejorable. Con su dulce voz y aplomo extraordinario (era la primera vez que narraba para adultos) contó un primer relato de una moza en apuros, todo lleno de sensualidad y erotismo. De segundo, un viejo chiste que pasa de abuelas a madres, y de madres a nietas, convertido por ella en cuento jugoso, que narra las desventuras del curita recién llegado a un pueblo en el que las mujeres tenían por costumbre decir que habían 'resbalado', si pecaban siendo infiel a sus maridos; alarmado el joven cura por tanto resbalones, cuenta el hecho al alcalde; éste, conocedor del tema, se echa a reír, a lo que el curita le dice: "No se ría usted señor Alcalde, que su mujer y su hija han resbalado varias veces esta semana".
Seguimos a una banda de jazz que nos conducía por las calles de Vegueta, con cuatro paradas más para otros tantos narradores a cual más interesantes. Uno tomaba la Mitología y a sus dioses y diosas 'liadas' amorosamente a más no poder; otro, hacía referencia a un libro inglés y a cuantas calorías se pierde en cada juego o prolegómenos del amor; la señora, narra como las ambulancias la ponen a cien y lo ocurrido en ellas cuando la han tenido que transportar; y el trovador, gallego, cantando trovas y contando cuentos como el del indio, (de la India o cerca) que encontró una botella con el genio dentro. El genio le concede tres deseos. A la vista de un número de cuarenta preciosas jóvenes el muchacho piensa 'qué bueno sería poderlo hacer con todas a la vez'. Se cumple el primer deseo, y se ve el chico con cuarenta 'vergas' colgándole por todo el cuerpo; aterrorizado, pide que le desaparezcan. Se cumple el segundo deseo y se queda sin nada que le cuelgue; y entonces, afligido, tiene que echar mano del tercer deseo para que le devuelvan la 'verga' suya original.
Casi al final, en el Pasaje Pedro de Algaba, nos fueron cerrando camino hasta hacernos ir en fila de uno. ¡Coño! me dije, ¿dónde van a meternos? Era una especie de carpa muy bonita y me figuraba que dentro encontraría fotografías o pinturas del más alto contenido libinidoso, pero no, entre unas paredes que nos acaricibian, de colores con tonos suaves y sonrosados,fuimos pasando, y al poco otra vez en la calle. ¡Coño! volví a decir para mi coleto ¿qué habrá sido ésto en donde hemos estado? Cuando lo sepa, te lo diré. Por ahora te quedas con las ganas de saberlo.
A las dos de la mañana, al terminar, pensé: 'Ha sido un día muy bien aprovechado'.
Te deseo un buen día.
domingo, 9 de diciembre de 2007
Y la Tierra volvió a reir
Y la Tierra volvió a reir.
A mis nietos con esperanza.
La Tierra andaba triste por el Universo. Ya no se oían sus alegres risas cuando las nubes derramaban sus lágrimas y la lluvia empapaba las casas, las calles, los campos y los caminos. Tampoco se oía el cantar de los pajarillos. Todo había enmudecido. El hombre había conseguido lo que tiempo atrás parecía imposible: hacerla callar. Los niños preocupados buscaron una solución. Y la encontraron jugando que es lo mejor que saben hacer. Y los mayores viéndoles, hicieron lo mismo, y dejaron de maltratar a la Tierra con tantos humos. Y una alegre carcajada se oyó fuerte por el infinito…
Hola a todos. Mi hijo Ángel (mi tocayo) me propuso escribir un cuento de cien palabras, ni una más ni una menos, para mandarlo a un concurso al que al final no se pudo enviar por falta de procedimiento, y yo me puse manos a la obra (confieso que es el peor cuento de mi vida porque es el único) y preocupado por no contradecir al señor Rajoy, a quien su primo le dijo que no se preocupara, que no es para tanto, di rienda suelta a mi imaginación para adivinar como será un mundo venidero sin el tan cacareado cambio climático.
Espero que mi sobrina Irene, magnífica cuentacuentos que entretiene a los niños con su dulzura y saber, lea este pequeño cuentececillo, tome la idea, lo mime y lo agrande, lo mejore y lo pula, y se lo cuente a sus próximas ávidas audiencias infantiles, enseñándoles que la esperanza siempre, siempre, hemos de mantener viva ya que es lo último que se pierde.
Con cariño.
Te deseo un buen día.
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