

P.S. Con especial cariño para Chelo, que ya vino, y para cuantos viniendo o sin venir quieran conocer a mi linda isla.
El Blog de las mil cosas que uno puede hacer, pensar y sentir cuando se libera de la rutina laboral.





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Hola a todos.
Leo en la red que fue en Nueva Zelanda en 1893 en donde se aprobó el primer sufragio femenino sin restricciones, gracias al movimiento liderado por Kate Sheppard. Este derecho al voto de la mujer no llegó a España hasta 1931, en la Segunda República, y fue Clara Campoamor quien lo defendió en el Congreso oponiendo razones elocuentes en contra de quienes opinaban lo contrario, con tan peregrinos argumentos como el que dice "porque las mujeres son histéricas por naturaleza" o este otro que pedía postergarlo "hasta que las mujeres dejaran de ser retrógradas".
A estos hitos importantes en el devenir histórico del reconocimiento de la mujer en la vida política, ocurridos en años en que yo no había nacido, se unen otros más domésticos y recientes que vinieron a revolucionar sin duda el vestir de las féminas en el siglo XX, dándoles por supuesto mayor libertad y siendo unos pasos añadidos en la lucha por la igualdad de mujeres y hombres. Me refiero a tres sucesos: la creación por parte de la diseñadora de modas británica Mary Quant de la minifalda en plena revolución sexual en los 60, la llegada del bikini en 1946 de manos de Louis Reard (si bien esta prenda se conocía ya en la antigua Roma) y el uso por parte de la mujer de los pantalones.
Las dos primeras prendas, la minifalda tiene una vida digamos que poco intensa pues solamente es usada en determinadas ocasiones y no está demasiado extendida mientras que el bikini tiene un mayor número de seguidoras aunque naturalmente en ocasión y sitio de baño tanto en playas como en piscinas. Pero la vestimenta que ha arraigado con todos los honores, en horario de mañana, tarde o noche, en uso cotidiano informal o en salida a teatros y conciertos, en una variedad de confección y colores para gusto de todas las mujeres jóvenes o mayores, es el pantalón. Esta es la pieza en que no encuentro la fecha de llegada. En mi opinión llegó a España avanzados los años cincuenta siendo primero una minoría, como siempre, las atrevidas que consentían en salir con ellos a la calle con el consiguiente enfado muchas veces de sus parejas.
Con su advenimiento se acabaron las frases machistas de "¡yo soy el que llevo los pantalones!" o "¡yo, me visto por los pies!". Mucha agua ha corrido desde entonces, y aquellas jovencitas que vieron nacer esta prenda en tiempos de la inseparable falda mujeril (en aquellos tiempos para olvidar en que era necesario el velo en la cabeza y llevar los brazos cubiertos para entrar a las iglesias) son hoy abuelas o madres de familia que han adoptado como suyo este cómodo atuendo.
Pensaba yo en estas cosas a raíz de un comentario oído a la profesora de Antropología en la Universidad, que dijo en clase: "en España pasamos del refajo a la minifalda en muy poco tiempo". Razón que tiene, y quienes lo vivimos podemos dar fe de ello.
Te deseo un buen día.

He podido leer su libro titulado Lecheras, gangocheras y ven
dedoras; lo pedí en la biblioteca tras saber de él porque la palabra gangocheras llamó mi atención al leerla por primera vez ya que me era totalmente desconocida. En este su pequeño libro, 64 páginas con 59 fotografías antiguas en blanco y negro, nos va trasmitiendo sus saberes y sus indagaciones sobre las mujeres que bajaban desde el campo para traer la leche y otros productos de la huerta a la ciudad, las que vendían el pescado por las calles o las que traían manojitos de tea o carbón del monte o yerbas aromáticas para un salmorejo. Hace una semblanza Gilberto de las tiendas del Santa Cruz de entonces con referencias a la Recova vieja (plaza de mercado) y a la nueva que lleva el nombre de Nuestra Señora de África. Se acuerda de los carritos que habían en las esquinas en los que se podían comprar "cigarrillos, golosinas, bocadillos de 'chorizo de perro' aspirinas y hasta algo de grifa si cuajaba". Y de los indios, "que no son indios, que son hindúes, que abren bazares en los que no falta el marfil o la seda".
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s o solitaria, en parejas o en grupos de flor hecha y de capullo a punto de reventar, la rosa es la reina de las flores pero no es la única cautivadora. Las calas y las azucenas, los claveles, las margaritas, las espinas del Señor, la bandera española, todas, juegan con mil colores, de blanco unas, de rojo o amarillo otras, de dos o más colores variados éstas, de granate aquéllas..jpg)
Buenavista cada tarde de lunes a viernes se reune un buen número de aficionados y aficionadas a la petanca quienes pasan al aire libre alrededor de tres horas yendo y viniendo mientras afinan la puntería para acercar su bola al boliche, o para alejar la de un contrincante con un certero disparo. Es como un paseo continuado que se da en un recorrido de unos veinte metros que es, a ojo de buen cubero, la distancia del campo, mientras conversan los jugadores entre sí o con los amigos que apostados ven las jugadas. Debe ser un juego o deporte interesante por la afición que despierta habiendo Federación de jugadores de Petanca y competiciones varias..jpg)
Esta última costumbre -la de no comer carne- sigue como tradición al menos en el Viernes Santo día en que en la mayoría de las casas canarias se come pescado, y lo más probable es que el pescado se coma con un buen sancocho. En la azotea de casa de Yeya, mi suegra y bisabuela de la familia, acostumbramos a celebrar su onomástica, la Virgen de la Soledad, comiéndonos un apetitoso sancocho en el que no puede faltar por supuesto el rico cherne, las papas y la batata, el mojo picón y la pella de gofio, con unos vasos de vino. Se hace esta rica comida en Canarias como queda dicho sancochando papas, batatas y pescado y se amasa el gofio, y se sirve también si se desea una ensalada. Como no podía faltar este año el encuentro familiar con sancocho incluido, a él nos dedicamos el Viernes Santo pasado con profesionalidad de gourmets.
Tras leer hace poco "Memorias de un Noventón" de Domingo J. Navarro y en él la receta en verso de como h
acer un puchero canario quedé con el regustillo de comerlo y acordamos el hacerlo en esta semana. Así que hoy nos volvimos a reunir, preparamos el rústico comedor en la azotea, Yeya se ocupó de mil amores junto a sus ayudantas de preparar el guiso, del que cuando ya estaba listo nos servimos en primer lugar una tacita de caldo con yerbahuerto como aperitivo, acompañado de chorizo y queso de oveja con pan bizcochado. El puchero canario no lleva como el sancocho pescado sino carnes de vaca y de pollo, que se trocean para ponerla en una olla grande con agua a la que se le añade batatas y papas,garbanzos, cebolla, una hoja de laurel, un poco de azafrán, y verduras en cantidad: calabaza, col, habichuelas, calabacín, piñas y zanahoria, y para terminar de dar gusto se añaden unas peras. De este rebotallo nace un suculento y aromático plato que casi no necesita del vino aunque éste también puede servirse para acompañarlo.
Lo dicho, a no perder el tiempo con comidas precocinadas ni cosas por el estilo, y rescatemos la cocina de nuestras abuelas que bien se lo merecen.
P.S. Pancho Guerra en su obra "Contribución al Léxico Popular de Gran Canaria" nos dice que el sancocho es "vianda soberana del mantel isleño, compuesta de un cherne salpreso y papas sancochadas, todo lo cual se rocía luego con mojo colorado", y del puchero que "es la comida rural o urbana de los días de fiesta grande, de la del patrono del pueblo. Se come con pan, al contrario de lo cotidiano, que se come con gofio".
Te deseo un buen día.
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Tirma de Juan del Río Ayala escritor nacido en Las Palmas en 1904. Estoy en un tercio de la lectura de esta obra que no es muy extensa y ya me hago una idea de que es un canto al vencido, o sea a nuestros aborígenes, y todo lo contrario al castellano invasor. Está escrita en versos y preparada según veo para ser representada en teatro. En el año 1954 Silvana Panpanini actriz italiana y otros actores y actrices de España e Italia vinieron a Gran Canaria para rodar la película del mismo título, que no gustó en absoluto, ni en su estreno en el Festival de San Sebastián, ni al público en general y que no se mantuvo en cartel más de dos semanas. Referido a la película leo que "del tema en sí hay bien poco que decir. No queda apenas nada del bello poema de Juan del Río Ayala. (Porque) exigencias cinematográficas en su mayor parte incomprensibles, lo dejaron convertido en una historia de amor sin nervio (...) apoyada en el más imprescindible andamiaje histórico y dramático". .jpg)
íamos en las Casas Baratas de Schamann, además de la Plaza del Mercado, un grupo de tienditas en los que había barberías, tiendas de comestíbles -como la de Angelito con las libretas para ir apuntando las deudas que se pagaban a fin de mes y que cuando se acababan los ingresos en las familias se acababa el fíao- en las que se compraba mantequilla a granel envuelta en papel de envolver y arenques ahumados que se excibían en barricas, y algunos bazares en los que se vendían de todo: brillantina, colonias, hilos y agujas de coser, regalos varios y demás menudencias. A uno de estos bazares -el de Amparito- iba yo, por encargo de mi hermana Mary a alquilar novelas de Corín Tellado y otras veces de las del Oeste para mí, porque Amparito tenía un sistema que funcionaba a las mil maravillas: se cambiaba una novela por otra, al precio de media peseta, con lo que estos "librillos" transmisores de 'cultura' iban rotando de mano en mano hasta que de tantos cambios ya quedaban en desuso.
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