domingo, 5 de septiembre de 2010

Hefesto

Hola a todos.
Escribe Indro Montanelli en su libro Historia de los Griegos, hablando de la época del rey Minos o sea de la civilización minoica, lo siguiente: "El dios de aquella gente se llamaba Vulcano, y corrrespondía al que entre los griegos fue Zeus y con los romanos Júpiter. Era un personaje omnipotente e iracundo (...) La gran fuerza de Minos, en tanto que rey, fue la de descender de aquél, o por lo menos de haber logrado hacérselo creer a sus súbditos". Comoquiera que estoy interesado en desenredar la madeja que para mí supone tantos dioses griegos, mayores y menores, me pongo a buscar información sobre Vulcano, y me encuentro con Hefesto.

Vayamos por partes:

Empecemos por Cronos, quien era el más joven de la primera generación de titanes, descendientes divinos de Gea, la tierra, y Urano, el cielo.

Continuemos con Rea, hija igualmente de Gea y de Urano y por tanto hermano de Cronos, pero además, esposa de éste. Tuvo varios hijos que fueron siendo devorados por Cronos, al nacer, pues éste estaba advertido de que un hijo le arrebataría el trono. Cuando fue a nacer Zeus, Rea engañó a Cronos dándole una piedra envuelta en pañales que devoró, por lo que Zeus pudo vivir.

Zeus pasó a ser el más importante de los dioses del Olimpo. Era el dios del cielo y el trueno.

Hera era la esposa y la hermana mayor de Zeus, y lo suyo era presidir como diosa los nacimientos y los matrimonios. Fue tragada por su padre, Cronos, y luego regurgitada.

Hera con Zeus tuvo como descendientes a Ares (dios de la guerra), Hebe (diosa de de la juventud), Eris (diosa de la discordia), e Ilitía (diosa de los partos). Por esos líos entre los dioses engendró a Hefesto ella sola, sin el concurso de Zeus, (algunos dicen que a todos sus hijos igual), y viendo la fealdad de Hefesto lo expulsó del Olimpo.



Vulcano, por Rubens.

La Fragua de Vulcano, por Velazquez. (El dios Apolo visitando el lugar donde Vulcano se encuentra fabricando armas).

Hefesto tuvo mala suerte. No sólo fue expulsado del Olimpo por su madre debido a su fealdad, sino que en otras versiones se afirma que fue su querido padre, Zeus, quien cabreado con él lo tiró porque liberó a su madre que estaba atada con una cadena de oro entre la tierra y el cielo. Hefesto cayó nueve días y noches hasta el mar y así el pobre quedó lisiado y cojo además de feo.

Era Hefesto un artesano, y el dios del fuego y la forja, de los herreros y los artesanos, de los metales y la metalurgia. Fabricó con sus manos un trono mágico de diamante para su madre (en venganza por haberlo expulsado del Olimpo) en el que Hera al sentarse en él quedó atrapada sin poder levantarse. Para liberarla pudo unas severas condiciones, una de las cuales fue que consintieran su matrimonio con Afrodita.

¿Verdad que es un lío de mucho cuidado? Pueden ustedes creer que sí. ¿Y a qué viene este principio de culebrón con lo que nos dejó escrito el bueno de Indro Montanelli?. Veamos: Indro pone al mismo nivel a Vulcano, a Zeus y a Jupiter. Sin embargo por lo que leo en la red Vulcano es el dios romano que se corresponde con Hefesto, dios griego. ¿Error de Montanelli, o error en la traducción de su libro? Preguntas para las que, de momento, no tengo respuesta.

Te deseo un buen día.

viernes, 3 de septiembre de 2010

La barriga

Hola a todos.
No mentiré a ustedes si les digo que cuando yo era apenas un jovenzuelo imberbe que trataba de abrirme un hueco en esta vida, la barriga, mi barriga para ser exacto, ya me daba la lata. Molestias o dolores, y más molestias y más dolores, me han acompañado desde entonces acá y esta enfermedad inexistente pasó a ser un tema tabarrónico en mis conversaciones hasta que el infarto vino a dejarla en un segundo plano. Ahora creo, y espero, que ya no mortifico a mis amigos con mis supuestas jaquecas estomacales. Bastante me han aguantado hasta el momento. Pero, -siempre hay un pero-, me encuentro en estos días playeros con un nuevo motivo de preocupación. Permítanme por tanto que lo comporta con todos ustedes. De un tiempo a esta parte, la báscula me viene advirtiendo de que me estoy acercando inexorablemente a una barrera en mi masa corporal, o peso, o como quiera que se llame, de la que me será muy difícil retroceder. No quiero mortificarles con el dato exacto. Les supongo lo suficientemente perspicaces para adivinarlo deteniendo la mirada aunque sólo sea unos segundos en la fotografía que acompaña esta entrada. Les aseguro que soy yo, y mi sombra. Y mi barriga, claro.
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Te deseo un buen día.

sábado, 28 de agosto de 2010

El hilo de Ariadna

Hola a todos.
Habíamos visto a la vaca loca de Pasifae gozar como una novilla con el toro blanco. Sabíamos del porrazo que se pegó Ícaro cuando junto a su padre, Dédalo, remontó el vuelo y subió más de la cuenta en busca de más altos horizontes. Y teníamos noticias de que el cornudo rey Minos había encerrado al Minotauro y a su infiel esposa Pasifae en un castillo lleno de corredores y puertas que no llevaban a ninguna parte, y al que llamaban Laberinto. Lo que ignoramos hasta el momento, es en qué se ocupaban la infeliz mujer y el pequeño monstruo para distraer tantas horas de mortal aburrimiento. Podemos suponer a la reina tejiendo lana, que era uno de los pasatiempos preferidos de las señoras, y al joven bruto jugando al ajedrez o practicando boxeo si conseguía contrincante tal como nos muestran a los hombres de la época pinturas encontradas. No nos dice la historia, y es una pena, si estos dos desventurados estaban solos en su encierro o si compartían estancia y comida con otros huéspedes.

Lo que si nos cuentan, es que Minos guerreó y ganó a muchos pueblos en aquellas reyertas con las que se entretenían tan a menudo, y que a todos los vencidos exigía la entrega de siete jóvenes y siete doncellas, (unos dicen que todos los años, y otros que cada nueve años,) para dar de comer y entretener al Minotauro. También tuvo su guerra particular con Atenas, al morir su hijo Androgeo muerto por un toro con el que se enfrentó en lucha desigual, tras participar y ganar en los juegos. En la ciudad de Atenas reinaba Egeo, y éste se vio obligado a pagar su cuota correspondiente de botín; y aquí aparece el 'muchacho'. Teseo, hijo del rey, se ofrece para ser uno de los siete jóvenes en la tercera entrega de las catorce víctimas inocentes. Y aparece, como no, la 'muchacha': con nombre de Ariadna, hija de Minos y de Pasifae, que se enamora de Teseo a quien conoce en palacio. Éste le da cuenta de sus planes y ella le provee de un ovillo del hilo que estaba hilando. De esta suerte pudo Teseo, al penetrar en el Laberinto, dejar en la puerta atado el hilo, que irá desenrrollando, y que le permitirá encontrar la salida una vez haya matado al monstruo.

Y colorín colorado: Teseo se lleva con él a Ariadna con quien se casa, pero, corazón desagradecido, la deja abandonada en Naso, en una playa.
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Ariadna abandonada (1774)

Descripción: Óleo sobre lienzo. 63,8 x 91 cm.
Localización: Museo de Bellas Artes. Houston
Autor: Angelica Kauffmann

Tomada de: epdlp.com

Te deseo un buen día.

jueves, 26 de agosto de 2010

Icaro

Hola a todos.
El bueno de Ícaro se pegó un partigazo al caer al mar desde las alturas que lo dejó todo desclavado. Veamos la historia: Pasifae, esposa del rey Minos de Creta se enamoró, (por aquellas cosas de los dioses de entonces, en este caso de Poseidón), del toro blanco que se había librado del sacrificio. Contó su pasión zoofílica a Dédalos, arquitecto de muñecas de la casa real, y éste preparó una vaca de madera de tamaño apropiado, en la que Pasifae entró y se colocó de forma tal que el toro pudo poseerla. A su debido tiempo nació Minotauro, monstruo con cabeza de toro y cuerpo humano, hijo bastardo del rey Minos. Éste se cabreó, -como no podía ser de otro modo- al sentirse con el peso de los cuernos, y encargó a Dédalos la construcción del Laberinto para encerrar de por vida, y así castigar, a su infiel mujer y al pequeño monstruo.

A Dédalos y a su pequeño hijo Ícaro prohibió Minos el salir de Creta para que no pudieran contar a nadie el secreto de el Laberinto. A Dédalos, que ya estaba hasta las narices de estar sin poder gozar de sus vacaciones reglamentarias, se le ocurrió hacer para sí unas preciosas alas unidas a su cuerpo, curvadas en forma de las de un pájaro, y atadas pluma a pluma con hilo las grandes y con cera las pequeñas. Como sastre amoroso confeccionó otras alas para Ícaro, y un día, ambos levantaron el vuelo, no sin antes haber enseñado Dédalo a volar a su hijo y haberle advertido que no volara alto pues el sol derretiría la cera de sus alas.


Volaron sobre Samos, Delos y Lebintos... Ícaro, quiso llegar hasta el paraíso y subió y subió sin tener en cuenta los consejos de su padre. La cera se derritió, las plumas de las alas se fueron soltando, y al fin cayó en el mar como cae un mocetón que se tira mal desde una peña y se pega un barrigazo. No cuenta la historia, o sea la mitología, si el mar en aquel momento estaba apacible como un plato o furibundo con olas impresionantes. Lo que si debe ser cierto es que a Poseidón debió darle un susto de muerte la caída del pobre Ícaro en su acuoso reino.

P.S. Foto tomada de Imágenes, en Google.

Te deseo un buen día.

miércoles, 25 de agosto de 2010

El laberinto

Hola a todos.
Terminé de leer en la playa, en estos días, un libro que estoy dispuesto a comenzar otra vez desde el principio. Ahora, con un cuaderno y un bolígrafo para ir tomando apuntes, desmenuzándolo en pequeños comentarios y haciendo cuadros nemotécnicos de forma que pueda quedarse en mi memoria como si fuera a pasar un examen de grado. Este libro, que ha venido de perilla a mi interés por el mundo antiguo, se titula Historia de los Griegos y su autor es Indro Montanelli. Está escrito de forma amena y didáctica a la vez. Dice su autor que es una historia de hombres, más que una historia de pueblo, de nación o de Estado (que ha dejado) reducido a lo esencial la trama de los acontecimientos políticos para dar preferencia a los que determinaron el desarrollo de la civilización y jalonaron sus grandes etapas, (y que en el libro) los poetas y los filósofos cuentan más que los legisladores y los caudillos, (y que) la huella dejada por Sócrates y Sófocles me parece más profunda que la dejada por Temístocles y Epaminondas.

La historia de la Grecia antigua es apasionante por sí misma y por lo que representa para la Civilización de la Humanidad. Filósofos, dramaturgos y poetas, médicos y escultores, van sentando las bases del pensamiento occidental. Con la lectura de este libro me han quedado unas pocas ideas: que la historia contada va desde la civilización minoica y micénica en los siglos XX y XXI a.C. hasta el año 146 a.C. con la destrucción de Corinto; que al parecer es una constante la guerra en el devenir histórico del ser humano y este largo período no se libra de ella; que la mujer, ya desde entonces, ocupa un segundo lugar en la sociedad ya que, junto a una larga nómina de hombres, solamente se nombra a unas pocas mujeres entre las que destacan Aspasia, por ser la segunda mujer de Pericles, y la poetisa Safo. Y hay un dato, que por ser para mí curioso me ha llamado la atención pues yo suponía lo contrario: la gran cantidad de personajes que llegaban a alcanzar una edad muy avanzada.

En fin, que pienso empollarme leyendo tragedias y comedias antiguas, indagando en las guerras médicas y del Peloponeso, siguiendo las campañas de Alejandro Magno, rey de Macedonia, retrocediendo hasta la Iliada y la Odisea de Homero, y quien sabe si, los dioses lo permitan, visitando las islas Cícladas y a Atenas, Esparta y Tebas, y a Cnosos para buscar aquí el famoso Laberinto.

Te deseo un buen día

sábado, 21 de agosto de 2010

Filosofando

Hola a todos.

No sé a ustedes, a mí la playa me da por filosofar. O bien es que el ser playero es en sí mismo una filosofía de vida. Paseo por la orilla a pasitos cortos sintiendo en los pies el beso del agua que llega amorosamente y retrocede, y mis pensamientos se entrecruzan en cientos de cosas triviales. ¿A quién le importa en la playa las cosas urgentes o importantes? Según camino, voy fijándome en las mil formas de la arena que nunca es igual. Aquí, una piedra pequeña que pudiera ser una amatista, más allá un remolino de agua que deja ver el fondo de oro, por allí unas sebas llevadas y traídas por las olas rumorosas. Las rocas, en los lisos, son en mi imaginación un hervidero de aventuras: cada una es una isla de piratas que debo conquistar. Cada cangrejo un enemigo que se esconde al verme. Los peces, compañeros míos que vienen a señalarme el camino de la gloria.

Filosofando pienso que cuando muera y me entierren, (si me entierran pues ahora está aquello de la incineración), pueden poner en mi tumba una frase lapidaria que me retrate en mi existencia ida: vivió con miedo. Lo tengo decidido desde hace tiempo. No sé cuando empecé a pensar en ello, de forma tan trágica, y tampoco importa ahora. Mas, sentado a la orilla del mar, vuelvo a darle vueltas al asunto y ya esta frase tremebunda no me gusta tanto. Tal vez, pienso ahora, la sentencia a esculpir en mi sepultura fuera esta otra: vivió mecido por la marea.

Te deseo un buen día.

domingo, 15 de agosto de 2010

Aforismo

Hola a todos.
Estoy por asegurar que los responsables del XIV Festival de Teatro, Música y Danza de Las Palmas se aplicaron con todo esmero y dedicación plena para que el aforismo que dice que bien está lo que bien acaba se cumpliera una vez más. Fue un final feliz el de anoche con el concierto ofrecido por la Camerata Clásica de Canarias con obras de Mozart y de Beethoven. Sonaron en el Parque de Santa Catalina, al aire libre, nada menos que los acordes del Concierto para piano número 5 'Emperador' del genial sordo, y la Sinfonía número 35, y la Obertura de la ópera Don Giovanni, de Mozart. El viejo parque, acondicionado con un teatro y unas gradas para un numeroso público fervoroso, tuvo que sentirse conmovido por servir de recinto popular para estas representaciones del mejor Arte.

Y si bueno estuvo este final igual de bueno fue el espectáculo anterior con las Estrellas del New York City Ballet. En este caso con música de Chopin, de Stravinsky, de Gershwin, y de otros compositores para mí desconocidos, pudimos gozar de la Danza de este grupo de jóvenes que nos llegó desde América. Bellísimas composiciones sobre un escenario sobrio que realza los movimientos de los bailarines y de las hermosas bailarinas. Quiso ser esta obra un homenaje al desaparecido Ray Charles y su Big Band, y así tuvimos un apoteósico final en el cierre del espectáculo con canciones de este gran músico que dio ocasión a una coreografía alegre y divertida.

Mención especial merece la participación de dos excelentes pianistas en estos eventos: Ivón Frontela, nacida en La Habana, nos deleitó con las mazurcas y un vals de Chopín con el neoyorkino cuerpo de ballet; a Javier Negrín, joven canario de Santa Cruz de Tenerife, le correspondió sorprendernos en el concierto de Beethoven con la Camerata de Canarias.

A todos ellos, y a quienes promueven estos espectáculos, mil gracias.



Te deseo un buen día.