viernes, 14 de enero de 2011

El cárabo

Hola a todos.
Me preparo un cortado con un buchito de café y una pizca de leche condensada que al tomarlo, calentito como debe ser, me sabe a gloria. Me acomodo luego en el sillón frente a la tele y me dispongo a ver una película que estoy seguro me va a encantar. Con los mandos enciendo televisión y dvd y pongo en marcha la proyección. Pronto aparecen los títulos de crédito con el nombre de la película, y una aclaración: Los santos inocentes, basada en la novela de Miguel Delibes. Y entonces agudizo mis sentidos para ver, casi en carne y hueso, al Azarías, a Paco el Bajo, a la Régula y a la Niña Chica, a la Nieves y a sus dos hermanos.

Cuando leí el libro hace una semana me hice una composición de lugar y en mi mente se hicieron hueco el opulento Cortijo de la Señora Marquesa y del señorito Iván, y la pobre casa de la Raya de lo de Abendújar en la que durante cinco años vivió pobremente -como le corresponde a los pobres- la familia de Paco, el Bajo. Y dibujé en mí las caras conformistas de la Régula y del Paco que contestan a las propuestas de don Pedro, el Périto, resignadamente, una y otra vez "ae, a mandar don Pedro, que para eso estamos" aunque las palabras de don Pedro, el Périto, fueran "desinflando como si fuera un globo" a ambos.

Avanza la película y con ella las situaciones contadas por Delibes en la novela. El Azarías se orina en las manos para que no se le agrieten, y llama al Gran Duque, pero el pájaro no le viene pues que ha muerto, y el Azarías le dice con ternura "milana bonita, milana bonita". Y corre el cárabo el Azarías, y alivia sus intestinos en cualquier parte, y mientras, la Charito, la Niña Chica, "emite uno de aquellos interminables berridos lastimeros que hielan la sangre a cualquiera".

Y veo en pantalla aquellas escenas antes vistas en mi cabeza en las que el señorito Iván lleva como secretario al Paco, el Bajo, y luego al hijo de éste, el Quirce, y por último también al Azarías que, aunque retrasado, sabe trepar a lo más alto del alcornoque o de la encina, para mover los reclamos según le indica el señorito Iván, preparado éste con la escopeta, cuando vienen las palomas o las zuritas o las perdices, pues al señorito Iván, y a sus amigos y amigas, lo que les gusta por sobre todo es la cacería.

Y la película se me hace estupenda novela, y la novela magnífica película, y las dos se me mezclan como un todo en la cabeza.

Te deseo un buen día.

3 comentarios:

Francisco Espada dijo...

No siempre se da ese maridaje entre la literatura y el cine, pero en esta caso sí. En otras, en la mayoría de los casos, el cine ofrece una mera semblanza y otras ni siquiera eso.

Cuentame un cuento dijo...

Tanto la película como son estupendos y te recomiendo también que veas La Colmena,ya que la película es muy fiel al libro y las escenas típicas se esa etapa de nuestra querida España.
Lapuedes encontrar en la Biblioteca Pública del Estado.Un abrazo.

Felipe Tajafuerte dijo...

Como decís es de las pocas veces en las que el cine hace justicia a una novela.
Las interpretaciones de Alfredo Landa, Francisco Rabal y Terele Pávez impresionantes. El resto también muy bien.