jueves, 1 de agosto de 2013

El día del regreso

Hola a todos.
Desde temprano supimos que iba a ser un día de calor en Viseu. El cielo limpio de nubes, de un azul intenso, lo presagiaba. Al llegar al campamento los muchachos, que habían tenido un día anterior ajetreado y una noche larga con las ceremonias de pase de unidades y la correspondiente verbena, estaban desayunando a hora más tardía de lo habitual. Después del desayuno pudimos verlos trabajando como abejas en la colmena al toque de zafarrancho de combate: había que preparar todo para el regreso a casa pues estábamos en el día fijado para ello. Desde los más pequeños lobatos hasta los experimentados rovers cada quien se ocupaba en ir reuniendo todo lo que por una razón u otra debía volver a casa. Las cosas personales (ropas y calzados, material de limpieza, platos y tazas y cucharas de aluminio) debían de ser convenientemente colocadas en las mochilas. Los mayores ya saben de esto mucho y se esmeran en lo suyo y en enseñar a los pequeños. Las casetas iban siendo desmontadas y convenientemente preparadas para traerlas en el avión; y con las casetas todas las cosas que dan a este campamento un aire personalizado. Un aire de Grupo Scout Camelot. Las insignias, bien sean de madera o bordones, con sus correspondientes palos que las mantienen erguidas deben ser cuidadosamente embaladas.

Al trabajo de las abejas sigue el de las hormigas: las pesadas casetas preparadas y las mochilas (algunas más grandes que sus propietarios) deben ser transportadas para su agrupamiento cerca de la verja de salida, y en esta labor vemos a muchachas y muchachos, a niños y a niñas, acarreando, como si de los enanitos del bosque se trataran, las cosas de aquí para allá en una improvisada comitiva. El calor no arredra ni quita ganas al trabajo. Solo le da más valor. Como al trabajo en cocina. Nuestra cocinera Pili con sus ayudantes improvisados -scouters con muchas ganas de trabajar- se afanan para dejar las instalaciones en mejores condiciones en que las encontraron. Es una de las máximas del escultismo. Ya tiene Pili el almuerzo preparado ¡y hasta la cena! que en cada ocasión sabrán a gloria. No queda, ¡oiga!, ni rastros de las comidas después de que los voraces comensales comen no sin antes cantar en grupo aquello de "Dime cocinero que has sabido hacer, que el hambre que tengo no me deja ver, tengo preparado destinado a ti un gorro nuevo y un gran mandil..." En este día del regreso tenemos para el almuerzo spaguetis a la carbonara que vino como anillo al dedo para disipar el calor; luego, roja sandía fresquita, fresquita. De una cosa y de otra se dio buena cuenta. Como debe ser.

La tarde pasó en un soplido. Vino la noche y vino la guagua. Y vino a despedirnos Paulo Peres que es el Chef de la Junta Regional de Viseu de Escuteiros a cuyo cargo está el Centro Actividades Escutistas Viriato. Entre la llegada y este adiós, catorce días de actividades y de salidas varias de los muchachos das para mucho al igual que nuestros catorce días maravillosos pasados en Portugal; de ellos seguiremos dando cuenta.








Nos esperaban largas horas de viaje con la promesa del feliz regreso; para más tarde -durante mucho tiempo más tarde- quedarían en nuestras memorias y en nuestros corazones las vivencias del estupendo campamento disfrutado en esta encantadora localidad de Portugal llamado Viseu.

Te deseo un buen día.        

3 comentarios:

Marcos dijo...

Felicidades amigo, lo habréis pasado muy bien. Yo también lo fuí y aun me acuerdo del texto de "la promesa". Hace cincuenta y tantos años.

Akela dijo...

Me fascina. Gracias.

Francisco Espada dijo...

En estos campamentos se viven unas experiencias inolvidables que a su vez son forjadoras de solidaridad y compañerismo, un camino donde aprender a vivir fuera del hogar al cuidado de sí mismo y de los demás.
¡Espléndido!
Un abrazo.