lunes, 15 de febrero de 2010

San Valentín

Hola a todos.
¿Qué mejor que un poema para felicitar a la amada o al amado en el día de los enamorados? Un poema de amor resulta barato, es un regalo hermoso y transmite elevados sentimientos. Los poetas tejen con rimas de oro y palabras de plata preciosas telas con las que cada uno de nosotros podemos hacernos hermosos trajes acordes con nuestros sueños. Es por ello que la Concejalía de Cultura del Cabildo de Gran Canaria ha unido a la festividad de san Valentín, día de los enamorados, una iniciativa a favor de la lectura: el repartir por las calles de la ciudad, a jóvenes y mayores, a mujeres y hombres, unas cuartillas de colores variados, y variados poemas, bajo el eslogan "Díselo con una poesía". Se enmarca dentro del Plan de Fomento de la Lectura -Leer es vital- que la Corporación Insular lleva años promocionando.

Estuve yo ayudando y por ello estuve repartiendo cuartillas. La gente se lo tomaba bien, con una sonrisa, y muchos se paraban a leer la poesía que en suerte les había tocado. Para ti, me quedé con una. Es ésta, de S. Armas Calcines:


SI PUDIÉRAMOS...
... irnos los dos muy solitos,

allá muy lejos, muy lejos...
Donde no hubiese mentiras,
ni hipocresías, ni convenios...

Y amarnos sobre la tierra,
bajo las luces del cielo...
Como se aman las flores...
Como el gamo, como el ciervo...


Te deseo un buen día.

sábado, 13 de febrero de 2010

Estrellas

Hola a todos.
El Parador de la Cruz de Tejeda está a una altitud de 1049 metros, o sea cerca de las estrellas. Por ello, la otra noche, aprovechando la ausencia de nubes y de la luna, que al estar en cuarto menguante dejaba el cielo con un color negro azabache, salí del parador bien abrigado para ver las estrellas. Me alejé un poco de los focos de luz eléctrica adentrándome en la negrura de una de las carreteras que llegan al cruce, y miré al cielo, y quedé boquiabierto. Ante mis ojos el espectáculo grandioso de la bóveda celeste con cientos -con miles- de puntitos blancos brillando en la obscuridad. Creí ver, y a lo mejor fue una presunción mía, el carro de la Osa Mayor. ¿O era la Osa Menor con la estrella Polar que nos señala el norte? Mis conocimientos de las estrellas dejarían en evidencia a mis profesores de astronomía si los hubiera tenido...

Estuve largo rato mirando a los alto hasta casi dolerme el cogote. Una estera o hamaca para poderme tumbar sin sentir el frío del suelo me hubiese venido de maravilla. Al no tenerla estuve de pie en actitud reverente todo el rato que pude, mientras pensaba como los urbanícolas, ansiosos de luz eléctrica en nuestras casas y calles, en nuestros edificios emblemáticos y en las plazas y avenidas de nuestras ciudades, hemos despreciado la luz de las estrellas.

Te deseo un buen día.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Grato paseo


El Roque Nublo
Hola a todos.
Justo enfrente del Parador de la Cruz de Tejeda se inicia uno de los tantos caminos reales que recorren Gran Canaria. Lleva éste a los Llanos de la Pez, lugar frecuentado por amigos de acampadas y asaderos y situado algo más arriba de donde está el cruce de carreteras en donde se encuentra el Parador. Este camino real del que hablo es empinado y desde abajo, en su primer tramo, se ve una larga senda que sube casi recta durante un buen trecho y que luego se pierde entre los árboles y matorrales. No es apto para cardíacos, o no debiera serlo, pues yo me animé a empezarlo pese a mi infarto, pensando, eso sí, tomarme la vida con mucha calma en la subida. El día despejado y sin mucho calor ayudaba en la caminata y yendo despacito, moviendo una pierna después de pedirle permiso a la otra, fuimos ascendiendo -mi mujer y yo- disfrutando de la vista que se nos ofrecía, siempre igual pero siempre cambiante, con el Nublo y el Bentayga a nuestra derecha y el padre Teide con su pico nevado cubriéndonos las espaldas. Allá que nos pareció nos tumbamos bajo la sombra propicia de unos pinos y retamas y dimos cuenta de los bocadillos, de queso curado de la Cumbre, y de una media botella de vino que llevábamos para la ocasión.



Roque Bentayga


Andando que te andarás bordeamos, siempre en ascenso, impresionantes barrancos. El Roque Nublo estaba cada vez más cerca y podíamos apreciar el Fraile y La Rana que son su eterna compañía, recortados los tres sobre el azul luminoso del cielo. Después de un tiempo largo, muy largo, llegamos a un punto en el que el camino se hacía llano y un poco más adelante nos encontramos pasando junto al Corral de los Juncos y entonces supimos con el olor penetrantes del pinar que ya estábamos cerca de nuestro destino.



El pinar cerca del Corral de los Juncos




El regreso, después de un café que nos supo a gloria, lo hicimos por la carretera general sombreada por los árboles en la caída de la tarde. Fue un grato paseo viendo abajo a lo lejos las casas que cada vez más, ¡qué pena!, van asaltando sin pausa, en su empuje irresistible, a todo el paisaje isleño, y comprobando con placer como las plantas agradecidas, regadas por la lluvia caída en los últimos días, mostraban su belleza.

De vuelta al cruce de la Cruz de Tejeda, sentados en la terraza del restaurante El Refugio, hicimos recuento de la larga caminata y pudimos decir: ¡valió la pena!

Te deseo un buen día

martes, 9 de febrero de 2010

Puesta de sol


Hola a todos.
El sol tomaba su camino diario rumbo al descanso de la noche y dejaba tras de sí los colores que adornaban el cielo. Los amarillos y rojos, los naranjas y violetas se entremezclaban resaltando los grises de unas pocas nubes y el color pétreo de los roques. De pronto unas nubes bajas, como jirones de algodón, vinieron cabalgando a galope desde el este y se esparcieron bajando por las laderas dividiendo el paisaje en cuadros preciosos. Arriba el Roque Nublo y el Betayga que no querían dejarse atrapar. A la derecha, el cielo cambiante por segundos con todos los colores imaginables. Abajo y a la izquierda el blanco de las nubes cargadas con infinitas gotas minúsculas de agua, que no llegan a caer, y a su lado el verde de los campos que va desapareciendo.


Todo ello veíamos desde la terraza de nuestra habitación en el Parador Nacional de la Cruz de Tejeda. La habitación, amplia y bien soleada da justo a poniente y permite ver la magnificencia de la Naturaleza. En la mañana, totalmente soleada, podíamos ver las montañas que llamó Unanumo "tempestad petrificada" con los soberbios Roques luciendo en todo su esplendor. Fuera el aire es limpio y frío. Llega una excursión de estudiantes que notan el cambio de temperatura al bajar de la guagua. Nosotros que estamos aquí desde ayer lo sentimos menos y así y todo nos metemos dentro del restaurante a desayunar.


Luego nos fuimos caminando hasta el cercano pueblo de Tejeda y por el camino pudimos contemplar el bello espectáculo del Teide asomando su cima nevada en la cercana Tenerife. Hago fotos y no me canso de disparar la cámara. El Nublo, visto en medio de los árboles de la carretera, y el Bentaiga airoso, se ven distintos a cada vuelta del camino. Más abajo, cercano ya el pueblo, los almendros lucen sus flores blancas o rosadas y las casas blancas parecen guardar, celosa, a su iglesia. Arriba, entre los riscos, vemos en contraste con la negrura de las moles rocosas, lo que parece unas hilachas del agua caída días atrás en una semana loca de lluvia que llenaron las presas.

Fue un día precioso gozado segundo a segundo, como debe ser.

Te deseo un buen día.

domingo, 7 de febrero de 2010

Fedra

Hola a todos.
Ayer vi cumplido uno de mis deseos que aguardaba paciente a hacerse realidad. Fui al teatro ayer, por fin y por vez primera, a la representación de una obra clásica del mundo griego. Ésta, de título Fedra, la ponía en escena Ana Belén con texto actualizado de Juan Mayorga. Fue escrita en su versión original cuatrocientos años antes de Cristo y en ella Eurípides nos cuenta de pasiones antiguas que son pasiones actuales porque son las de siempre: nos presenta el drama que sobreviene por el amor desmedido de Fedra hacia su hijastro Hipólito, el hijo de su esposo Teseo y nos muestra la lealtad del joven que no quiere mancillar el lecho paterno; nos habla de la ira del padre, ciego al creerse engañado pues a tal punto le lleva las mentiras de la infiel esposa.

Me gustó mucho la puesta en escena y aunque no pude escuchar en su totalidad los diálogos iba siguiendo la trama por lo que sabía de la obra. Estupenda Ana Belén en su papel de Fedra, y magnífico Fran Perea en su difícil papel de Hipólito sin desmerecer al resto del elenco. Para mí el personaje de Hipólito es el que tiene mayor grandeza pues no solo ha de rechazar los amores ilícitos que se le ofrece sino que más tarde ha de intentar convencer sin éxito a su padre de su inocencia. Sobre las tablas, desde el principio hasta las escenas finales de su muerte, su figura me pareció real.

Te deseo un buen día.

viernes, 5 de febrero de 2010

Copla española

Hola a todos.
Con cierta frecuencia me vienen a la cabeza canciones que oí, canté o al menos tarareé cuando joven. Alguna de ellas se me instala durante un tiempo en la punta de la lengua y me veo sin proponérmelo dándole la lata a quienes están a mi lado con un cantar del tiempo de mi bisabuela. Tal me ocurría con una copla española, que seguramente ustedes habrán oído y que yo oí más de una vez por la radio cuando adolescente, y con cuya letra, harto cambiada, suelo dar la lata a cada rato, como los borrachos majaderos, a quienes están a mi lado.

Yo canto: "el tiempo pasaba y nadie sabííía/ que aquel latonero era su amor/ pero se ha sabido que le ha regalaao/ una lavadora y un buen coladooor". Y por si fuera poco lo anterior sigo yo con la copla de esta manera: "...a beber agua fresquita/ me voy a la fuente el berro/ si la sed no se me quita...".

Debo decir en mi descargo que de las casas vecinales salía en aquellos tiempos esta canción española y otras tantas, tantas veces, con un volumen suficiente para que se enterara todo el barrio, de las 'arradios' que fueron llegando poco a poco, mucho antes de que la televisión se adueñara de los hogares canarios.

Ahora he conseguido por fin (gracias a internet) desentrañar el misterio de la letra de esta copla, para mí tan querida. Comparen ustedes lo que yo cantaba con la versión original:


El tiempo pasaba y nadie sabía
de aquella coplilla quién fue el cantaor.
Más no faltó alguien que ya suponía
a Pepe Serrano, un buen matador.

. . . .

A beber agua fresquita
me voy a la plaza nueva.
A beber agua fresquita
de la fuente de avellanos
que es la que la sed me quita.
Si me la da mi Serrano.

En fin, que una equivocación la tiene cualquiera.

Si quieres escuchar esta bonita copla, que se titula "Calle Ervira", y que estoy seguro te gustará, pincha aquí:



Te deseo un buen día.

miércoles, 3 de febrero de 2010

San Blas

Hola a todos.
La plaza de Santo Domingo en el barrio fundacional de Vegueta lucía hoy día de fiesta. Unos puestos callejeros con venta de turrones y otros con golosinas y chucherías para los niños competían con varios vendedores del cupón de ciegos en atraer la atención de quienes se dirigían al templo. En un rincón, como resguardándose del frío, un ventorrillo vendía, a cambio de la voluntad, los cordones y las estampitas de San Blas y en él varias personas aguardaban su turno para hacerse con ellos.

Vine con la creencia de que era cosa del pasado la devoción y la fe a San Blas y quería por otra parte saber el porqué este santo era salvaguarda segura a los males de garganta. Porque sabía que era costumbre -y me confirman que lo sigue siendo- el traer a los niños hasta Santo Domingo, y a la ermita contigua de San Blas, para pedir por la salud de los infantes. Hace años cuando el uso de las medicinas era más problemático, y posiblemente hoy también, el cordón del santo al cuello era remedio buscado para que la faringitis y otras afecciones no hicieran su molesta aparición.

¿Pero porqué este santo y no otro? Y además, ¿quién fue este santo varón? Acudamos a la red.

Blas fue médico y obispo de Sebaste en la antigua Capadocia, hoy Turquía. Hizo vida de ermitaño en una cueva del monte Argeus y murió decapitado por no renegar de la fe de Cristo. Según la tradición era conocido por su don de curación milagrosa, que aplicaba tanto a personas como a animales. Según una leyenda los animales se le acercaban en su cueva para que los sanase. Y salvó la vida de un niño que se ahogaba al trabársele en la garganta una espina de pescado. Este sería el origen -nos dicen en Wikipedia- de la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta el 3 de febrero.

Por tanto queda cubierta para mí la curiosidad de hoy, y ¿por qué no?, tal vez la tuya.



Cristo atado a la columna, ermita de San Blas.

San Blas y la Candelaria, iglesia de Santo Domingo



Detalle de la fuente, plaza de Santo Domingo.

Te deseo un buen día.