miércoles, 10 de febrero de 2010

Grato paseo


El Roque Nublo
Hola a todos.
Justo enfrente del Parador de la Cruz de Tejeda se inicia uno de los tantos caminos reales que recorren Gran Canaria. Lleva éste a los Llanos de la Pez, lugar frecuentado por amigos de acampadas y asaderos y situado algo más arriba de donde está el cruce de carreteras en donde se encuentra el Parador. Este camino real del que hablo es empinado y desde abajo, en su primer tramo, se ve una larga senda que sube casi recta durante un buen trecho y que luego se pierde entre los árboles y matorrales. No es apto para cardíacos, o no debiera serlo, pues yo me animé a empezarlo pese a mi infarto, pensando, eso sí, tomarme la vida con mucha calma en la subida. El día despejado y sin mucho calor ayudaba en la caminata y yendo despacito, moviendo una pierna después de pedirle permiso a la otra, fuimos ascendiendo -mi mujer y yo- disfrutando de la vista que se nos ofrecía, siempre igual pero siempre cambiante, con el Nublo y el Bentayga a nuestra derecha y el padre Teide con su pico nevado cubriéndonos las espaldas. Allá que nos pareció nos tumbamos bajo la sombra propicia de unos pinos y retamas y dimos cuenta de los bocadillos, de queso curado de la Cumbre, y de una media botella de vino que llevábamos para la ocasión.



Roque Bentayga


Andando que te andarás bordeamos, siempre en ascenso, impresionantes barrancos. El Roque Nublo estaba cada vez más cerca y podíamos apreciar el Fraile y La Rana que son su eterna compañía, recortados los tres sobre el azul luminoso del cielo. Después de un tiempo largo, muy largo, llegamos a un punto en el que el camino se hacía llano y un poco más adelante nos encontramos pasando junto al Corral de los Juncos y entonces supimos con el olor penetrantes del pinar que ya estábamos cerca de nuestro destino.



El pinar cerca del Corral de los Juncos




El regreso, después de un café que nos supo a gloria, lo hicimos por la carretera general sombreada por los árboles en la caída de la tarde. Fue un grato paseo viendo abajo a lo lejos las casas que cada vez más, ¡qué pena!, van asaltando sin pausa, en su empuje irresistible, a todo el paisaje isleño, y comprobando con placer como las plantas agradecidas, regadas por la lluvia caída en los últimos días, mostraban su belleza.

De vuelta al cruce de la Cruz de Tejeda, sentados en la terraza del restaurante El Refugio, hicimos recuento de la larga caminata y pudimos decir: ¡valió la pena!

Te deseo un buen día

1 comentario:

Cuentame un cuento dijo...

Qué de lugares hermosos tenemos y que poco los visitamos.gracias por ese recorrido con tu entrada,¡yo hace añisimos que no voy por los Lanos de la Pez,jajajjaja
Un abrazo¡