domingo, 19 de diciembre de 2010

La Sorrueda

Hola a a todos.
La presa de La Sorrueda está casi llena. Tanto que a simple vista podemos decir que tan solo le falta una cuarta para rebosar, cosa que ocurrirá a buen seguro con las próximas lluvias en el sur de la isla. Hemos venido hasta la presa un animoso grupo de caminantes, alumnos de Peritia et Doctrina de la ULPGC con nuestro profesor de Movimiento y Mecánica Corporal, a una clase práctica, con el propósito de recorrer los kilómetros que van desde la presa hasta el barrio de Sardina del Sur caminando por el fondo del barranco. Nos acompaña un guía joven, apasionado y sabedor de las cosas de Gran Canaria. Antes de llegarnos a la presa pasamos por el palmeral que lleva el mismo nombre y reconocemos, por el color negro de los troncos, aquellos ejemplares de palmeras canarias que resultaron dañados en el incendio devorador de hace unos años. Gracias hemos de dar a que a estas palmeras, al igual que el pino canario, llevan en sus genes el remedio para sobrevivir a los incendios. Esto se debe, nos dice el guía, a que el pino y la palmera canarias tuvieron que aprender a vivir en tiempos muy lejanos cuando los volcanes incendiaban la isla.

El agua de la presa, retenida con cariño por el muro de tierra y piedras, se emplea para regar las extensas fincas de árboles que dan naranjas, limones, papayos y aguacates, que veremos más tarde al llegar a nuestro destino. Baja entubada por el mismo camino que recorremos mientras gozamos con el silencio del barranco y con la vegetación autóctona donde no faltan ejemplares vistosos de la bella flora insular. A medio camino un rebaño numeroso de cabras y una instalación agropecuaria rompe la soledad del barranco. Por las montañas que se yerguen orgullosas a un lado y al otro vemos el color dejado por la erosión del agua y el viento a través de millones de años en la negra piedra volcánica. Las laderas aparecen cubiertas de verde. Verde de las tabaibas que, si durante el resto del año muestran el ocre de los tallos que se confunde con la tierra, al llegar estas fechas reverdecen llenándose por completo de hojas nuevas que cubren las montañas del sur.

La clase práctica nos ha enseñado muchas cosas. Una de ellas es que aun siendo mayores podemos disfrutar perfectamente de un agradable pateo por el fondo de un bonito barranco.

Te deseo un buen día.

2 comentarios:

Francisco Espada dijo...

No se trata de envidia, pero sí de añoranza. Para mí quedaron atrás los días en los que poder hacer una caminata similar, pero te agradezco que muestres aquí lo mucho y bello que la naturaleza nos ofrece.
¡Feliz paseo y Feliz Navidad!

Cuentame un cuento dijo...

La verdad es que es una gozada el poder disfrutar de esa presa llena y esos hermosos paisajes.Ahora mismo aquí en Telde llueve y hace mucho viento.Un abrazo.