lunes, 26 de abril de 2010

Un regalo guay, ¡pero que muy guay!

Hola a todos.
Cumplí años hace unas semanas y recibí los parabienes de familiares y amigos y hasta oí el canto emocionado del "Cumpleaños feliz" como manda la tradición cantado con más cariño que acierto, como ocurre siempre. Además tuvieron la buena costumbre de hacerme llegar algunos regalos acordes con mi condición de vejete. Pero entre unas cosas y otras recibí un regalo guay, pero que muy guay. Ustedes opinarán si además de seguir con estas emocionadas líneas se paran unos segundos y ven con ojos de abuelo -ojos que ven con colores del arco iris todo lo que hacen los nietos- la fotografía que ilustra este texto. Fue el regalo de Javi, mocoso encantador de ocho años, travieso y 'malo' como el que más y espabilado y pillo como él sólo. Hizo el trabajo manual en el colegio (felicitaciones a la 'seño') y al traérmelo a casa me pidió que cerrara los ojos. Cuando los abrí y vi el precioso trenecito hecho por sus pequeñas manos, (con materiales reciclados), cayó una lágrima, no vista, de mis ojos. Convendrán conmigo si les digo que es un precioso regalo.


Te deseo un buen día.

2 comentarios:

Tara dijo...

¡Qué bonito! Felicidades algo atrasadas.

Oti dijo...

Las maestras que enseñan trabajos manuales a los niños sin presionarles mucho no saben el bien que les hacen. Uno de los recuerdos más bonitos de mi infancia son los trabajos manuales: el cuadro de Cleo, el Papá Noel con una lata forrada con fieltro, el bolso de rafia...¡yo tenía menos de diez años!
El tren es precioso; si lo guardas, a tu nieto le gustará tenerlo cuando sea mayor.