domingo, 9 de diciembre de 2007

Y la Tierra volvió a reir



Y la Tierra volvió a reir.
A mis nietos con esperanza.

La Tierra andaba triste por el Universo. Ya no se oían sus alegres risas cuando las nubes derramaban sus lágrimas y la lluvia empapaba las casas, las calles, los campos y los caminos. Tampoco se oía el cantar de los pajarillos. Todo había enmudecido. El hombre había conseguido lo que tiempo atrás parecía imposible: hacerla callar. Los niños preocupados buscaron una solución. Y la encontraron jugando que es lo mejor que saben hacer. Y los mayores viéndoles, hicieron lo mismo, y dejaron de maltratar a la Tierra con tantos humos. Y una alegre carcajada se oyó fuerte por el infinito…


Hola a todos. Mi hijo Ángel (mi tocayo) me propuso escribir un cuento de cien palabras, ni una más ni una menos, para mandarlo a un concurso al que al final no se pudo enviar por falta de procedimiento, y yo me puse manos a la obra (confieso que es el peor cuento de mi vida porque es el único) y preocupado por no contradecir al señor Rajoy, a quien su primo le dijo que no se preocupara, que no es para tanto, di rienda suelta a mi imaginación para adivinar como será un mundo venidero sin el tan cacareado cambio climático.

Espero que mi sobrina Irene, magnífica cuentacuentos que entretiene a los niños con su dulzura y saber, lea este pequeño cuentececillo, tome la idea, lo mime y lo agrande, lo mejore y lo pula, y se lo cuente a sus próximas ávidas audiencias infantiles, enseñándoles que la esperanza siempre, siempre, hemos de mantener viva ya que es lo último que se pierde.

Con cariño.
Te deseo un buen día.

2 comentarios:

vanitaperal dijo...

Me gusta la forma de escribir que tiene este jubilado, un tipo particular que "derepende" ha encontrado denuevo sentido a su estar.

Espero nos honres con tus cuentos, tus historias, tu peculiar manera de contar las cosas.

Gracias.

Anónimo dijo...

Hoollaaa!

Soy tu sobrina, a la que nombras como "magnífica cuentacuentos" (se nota que la familia tira eh? ji ji)
Muchísimas gracias por nombrarme y de qué manera! El cuento, precioso, no hace falta ni agrandarlo ni retocarlo: es perfecto.